España no bromea
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- Published on Friday, 20 January 2012 23:54
- Written by marca.com
No hay que esperar. España accede a la segunda fase del Europeo de balonmano con tres puntos gracias a su victoria ante Rusia. Los de Rivera cuajaron un gran partido en defensa, aunque tuvieron un par de fases dubitativas en ataque. La primera parte del campeonato ya es historia. Es el momento de soñar.
Un extraordinario Grams en la portería de Rusia, secundado por la impresionante actuación ofensiva de Igropulo, sembraron el pánico en el bando español en dos momentos. El primero, en el arranque de partido. El otro, en el ecuador de la segunda parte, cuando su combinado se acercó a un tanto de España. Sin embargo, Cañellas, Ugalde, García Parrondo y los Entrerríos, ayudados por la labor oscura de Aginagalde, lideraron el último tirón de España. El equipo nacional hizo los deberes. Ahora la tarea aumenta, la ilusión también.
Miedo en el cuerpo
El combinado español comenzó el duelo muy espeso en ataque. Sólo Raúl Entrerríos era capaz de ver la luz en el túnel. Los rusos, encomendados a un gran arquero, tenían confianza. A cada pérdida del equipo español le sucedía un gol soviético. España no aprovechaba sus superioridades numéricas, el gran talón de aquiles de los de Rivera en esta competición. Ni desde los siete metros acertaba La Roja. Iker Romero marraba su primera oportunidad. García Parrondo y Cañellas tomarían la responsabilidad en los siguientes lanzamientos.
Rusia señaló un tiempo muerto para reafirmar conceptos. Fue el principio de su fin. España, con una gran defensa, maniataba a los rusos que se olvidaban de golpe y porrazo de atacar. Al contragolpe o en estático, la Selección iniciaba un parcial que terminaría en media docena de tantos de renta.
Segundo susto
Al volver de los vestuarios, el partido parecía que moriría con intercambios de golpes. Hasta que la segunda pájara llegó. De repente, Hombrados dejó de parar, Gurbindo cambió las acciones perfectas por pérdidas y Rusia sacó todo su potencial. Los laterales volvían a carburar como al inicio del choque. El único trabajo que persistía con éxito era la defensa sobre el pivote Chipurin. Los rusos se colocaron a un tanto. El arreón soviético apareció cuando menos se esperaba, con una inferioridad.
Cuando más calentaba el sol, Cañellas tomó las riendas del ataque y firmó un golazo. A partir de ahí, el equipo se relajó. Hombrados sacó una pierna providencial y Ugalde volvió a mostrar su puñal. Sólo entonces, exclusiones y codazos al margen, España pudo terminar el partido con cierta solvencia. A rachas el equipo jugó bien. Los lapsus ya son parte del pasado. El futuro puede teñirse de rojo.






